La desaparición de un idioma, como el español o cualquier otro, implica la pérdida de una parte importante de la historia, la cultura y el conocimiento de la humanidad:
Se reduce la diversidad cultural y lingüística.
Se pierde la memoria colectiva y la identidad de los hablantes.
Se pierden conocimientos ambientales, tecnológicos, sociales, económicos o culturales.
Se pierde la forma de comprender el mundo.
Se pierde el conocimiento de los ecosistemas y los sistemas de organización temporal y espacial.
La pérdida de un idioma es comparable a la extinción de una especie de animal o planta. Para frenar la pérdida de lenguas, la ONU ha puesto en marcha el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas.
El español es el segundo idioma más hablado del mundo y es lengua oficial de las Naciones Unidas.
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